En este documento hacemos entrega de una extensa historia que comenzáramos en el año 1991, siendo este autor Director del Centro de Perfeccionamiento, Experimentación e Investigaciones Pedagógicas (CPEIP) y en cuyo momento, junto a un grupo de distinguidos educadores, desarrollamos un primer esbozo de lo que creíamos debería ser una nueva estructura de la escuela chilena. Nos referimos a lo que denominamos como “Proyecto de desarrollo educativo institucional”. Con el correr del tiempo y siendo el Ministerio de Educación dirigidos por distinguidos profesionales tecnócratas, la palabra “desarrollo”, fue sacada del título original, no solo por problemas gramaticales o semánticos o por economía del uso del lenguaje, sino porque dicha palabra indicaba que el desenvolvimiento de la Escuela implicaba algo más que un proyecto educativo parcial y aislado de la comunidad y del manejo comunitario en equipo de profesionales de la educación.
La palabra desarrollo, en su acepción inicial
consideraba al alumno como persona, única e indivisible, que debía ser
respetada en sus condiciones básicas de existencia, en sus aspiraciones, en el
uso de su capacidad de elección, de su apego y respeto hacia “los otros”, de la
solidaridad que era capaz de ejercer con inteligencia y voluntad.
Lamentablemente se pensaba que la Escuela, incomunicada y separada del resto,
debía competir por un lugar importante
en las escalas de medición que se introducen en el país y que aun subsisten no
con buenos logros educativos y formadores de personas. El alumno se convierte
en un número que debe responder a las exigencias de instrumentos de evaluación
numéricos para alcanzar algún sitial de prestigio. Al parecer el mundo ya está
dando la vuelta final para dar paso, nuevamente, a evaluaciones humanas del
profesor y del alumno y de sus relaciones pedagógicas,ricas en humanidad. Es
así como quizá podamos ver un desarrollo educativo integral de nuestros niños y
jóvenes, en el cual no se descarte la necesidad de evaluar
cuali-cuantitativamente.
La estructura que proponemos ha sido conversada y
aplicada con éxito en muchos colegios, liceos y escuelas de Chile, como también
de México. Estamos ciertos que si conversamos este esfuerzo con calma,
serenidad y deseos de formar una escuela humana y democrática para nuestras
comunidades educativas lograremos ponerlo en proceso para lograr nuestros
objetivos pedagógicos.
De ahí la necesidad de comenzar un proceso que
tenga como primer escalón unos
documentos bien estructurados y con claros
fines pedagógicos, sin omitir las exigencias que se supone emanan de las
autoridades educativas del país. Un
segundo escalón es crear una instancia de coordinación de seguimiento de
los procesos que se lleven a cabo, a modo de una supervisión y consultoría
permanente de dichos procesos, sin capacidad de decisión, y un tercer escalón o paralelo al segundo,
es desarrollar una institucionalidad de evaluación de los logros alcanzados de
acuerdo a los objetivos y medios acordados para el proceso de puesta en marcha
del PDEI.
Por lo mismo estimamos necesario tener en claro
que este proceso de innovar un centro educativo, no es tarea solo de un corto
plazo (como por ejemplo, redactar un buen documento, para después ser dejado en
un cajón o entregado por obligación a las autoridades), sino un proceso multi
dimensional, con énfasis particulares en ciertos momentos de la innovación que
se pretende realizar en el centro.
ELABORACIÓN DE LA ESTRUCTURA DE UN PROYECTO DE DESARROLLO EDUCATIVO INSTITUCIONAL (PDEI)
1)
Introducción.
2)
Definición
sobre las modalidades de trabajo del equipo generador.
3)
Visión.
4)
Diagnóstico.
5)
Misión.
6)
Fundamentación
Educativa: Curricular y Pedagógica.
7)
Objetivos
(corto, mediano y largo plazo).
8)
Valores
específicos que queremos desarrollar en los alumnos.
9)
Competencias
de distinto tipo: de desarrollo personal, de autoaprendizaje, de interacción
social, de conocimientos, técnicas.
10)
Recursos
necesarios y potenciales: (humanos, tecnológicos, financieros,
infraestructura, infológicos).
11)
Fijación
de Metas: cuantitativas y cualitativas.(medibles)
12)
Estrategias
de logro (los caminos a seguir) y acciones específicas: cuadro de entrada
simple.
13)
Etapas
de realización: cronograma y responsables por etapas y acciones.
14)
Tópicos
de las Evaluaciones: Ex ante, Durante y Ex post.
15)
Proceso
de retroalimentación (participativa en equipo).
16)
Definición
sobre la gestión para el proceso de ejecución de un PDEI.
1.
Introducción.
Siempre en la introducción se expresa el objetivo
principal del documento, como también sus partes más importantes o la
agrupación de las mismas.
La introducción debe ser desarrollada antes de
escribir el documento y no es una consecuencia del mismo, sino una aclaración
previa de lo que queremos lograr con el desarrollo del documento. La tendencia
es, en muchas ocasiones, a desarrollar la Introducción después de haber
terminado el documento, lo cual demuestra sólo la falta de claridad inicial sobre
lo que se quería lograr específicamente al comenzar el trabajo.
2. Definición
sobre las modalidades de trabajo del equipo generador.
Todo trabajo de elaboración implica un esfuerzo
individual o comunitario. En la elaboración de un PDEI, por ser un producto
colectivo de trabajo en equipo, se supone que se realiza un trabajo comunitario
en donde cada cual aporta elementos para esa construcción común, en la cual
participan todos los estamentos del establecimiento educativo.
De ahí la importancia de tomar acuerdos sobre el
cómo realizarán la tarea de desarrollar el documento de un PDEI. La
delimitación de funciones y actividades de parte de los componentes de la
comunidad educativa debe ser hecha como una propuesta participativa por parte
del Director del establecimiento educacional, entre cuyos elementos debe
conformarse un “Equipo Generador” del documento de diseño y en lo posible, de
la etapa posterior de ejecución del PDEI.
3. Visión.
La Visión constituye una parte importante de la
elaboración de un PDEI, en la medida que ésta constituye la orientación
global-contextual del medio en el cual se desarrollará el Proyecto. No es
necesariamente una cristalización en el tiempo y el espacio del medio
circundante del establecimiento, sino que es una mirada o perspectiva en
la cual se ubica éste. Es un “deber ser educativo” que guiará el desarrollo del
PDEI y en el cual se incluyen aspectos propios a la cultura, la vida social,
económica y la historia en la cual se ubica el centro, como también los valores
que se sustentan de manera general, sin llegar a concretarlos en su enunciado
en la persona de los alumnos/as.
4. Diagnóstico.
Es la etapa de análisis de las variables que intervienen en la vida del
establecimiento educacional y que deben seleccionarse de acuerdo a la visión
que se ha establecido para el desarrollo de éste. No es una evaluación, ya que
ésta se realiza comparando dos situaciones similares en dos o más momentos
distintos. El diagnóstico, por el contrario, es una mirada original a la
realidad educacional, de acuerdo a lo que pensamos que ella debe ser (Visión)
con sus distintos elementos (actores, estructuras, objetivos, metas, recu8rsos,
etc.). El diagnóstico nos permite elaborar etapas más concretas que la Visión
misma, ubicándolas en un tiempo y un espacio determinado, elementos que no se
contemplan rigurosamente en la elaboración de la Visión.
5. Misión.
La Misión, a diferencia de la Visión, es una
mirada del “deber ser educativo” pero ubicado en un tiempo y espacio
determinado, en la cual se incluyen los distintos elementos que integran en la
realidad un establecimiento educacional, sus propósitos más concretos y una
visión de los alumnos/as que queremos formar.
6. Fundamentación
Educativa: curricular y pedagógica.
Todo PDEI debe tener una fundamentación educativa
de carácter curricular y pedagógico, pues es la misma la que le da el sentido
educativo a este Proyecto. Estos dos elementos, de carácter específicamente
educativos, son los que le dan al PDEI un fundamento teórico de
orientación práctica, pues a través de los mismos se fijan las
orientaciones sobre lo que queremos hacer y que caminos queremos recorrer en el
proceso educativo (planes, programas actividades, acciones, etc.), como también
expresar la forma y estrategias que utilizaremos pedagógicamente para llevar a
cabo nuestra acción educativa en el aula y cuál debería ser el comportamiento
de los actores educativos en esta instancia (especialmente profesores y
alumnos), incluyendo en ellos a todos aquellos que tengan una injerencia directa
en las acciones pedagógicas en el marco de un contexto curricular.
7. Objetivos
del quehacer educativo.
La fijación de objetivos debe basarse en los
elementos explicados anteriormente, pero desde la perspectiva de lo que
queremos lograr en términos de aprendizaje y desarrollo de los alumnos. Esto no
quiere decir, en ningún caso, que no se deban fijar objetivos de la enseñanza,
pues esta es junto con los otros componentes una triada indisoluble del
quehacer pedagógico: enseñanza+aprendizaje+desarrollo.
Los objetivos, como su nombre lo indica, deben ser
claros, precisos, expresados sin mucha rimbombancia, apuntando al desarrollo
integral y al aprendizaje de los alumnos, para lo cual debemos tener un claro
diagnóstico de los mismos y desde ahí proyectar nuestro accionar.
Es preciso recordar que los objetivos corresponden
a conductas, sentimientos, pensamientos, habilidades, destrezas, manejo
corporal, etc. que deben lograr los alumnos, para lograr superar las brechas
existentes entre el diagnósticos realizado por nosotros y el deber ser
educativo que pretendemos lograr al fijar dichos objetivos. En este sentido los
objetivos del quehacer educativo son luces que nos iluminan, pero que a la vez
nos exigen decidir sobre las mejores y más adecuadas estrategias para lograr
aprendizajes significativos (es decir, pertinentes) y el desarrollo consecuente
de nuestros alumnos.
8. Valores
específicos.
Una tarea importante en el diseño de todo PDEI, es
aclarar y resaltar, explícitamente, cuáles son los valores que queremos
trasmitir a los alumnos de acuerdo a los valores que sustentamos como comunidad
educativa o como grupo gestionador del establecimiento educacional. Y decimos
trasmitir, pues los valores no existen solo como entidades ajenas a nuestra
conciencia o a nuestra capacidad de apreciar el mundo, sino existen como entes
sociales, con los cuales convivimos cotidianamente.
Lo importante es desentrañar pedagógica y
curricularmente cuales serán esos valores que guiarán nuestro quehacer
educativo, pues estos constituyen un elemento importante en la configuración de
la identidad y desarrollo del ser humano. Por otra parte, son estos valores los
que guiarán la existencia futura de nuestros alumnos.
También es importante resaltar que los valores no
son entelequias intelectuales que se puedan enseñar, como una materia más del
currículo escolar, sino que los mismos se forman de acuerdo a los modelos
personales y de vida con los cuales los alumnos se encuentran en su vida
familiar y escolar. En este sentido los educadores tenemos un rol muy
importante en la formación de los valores que los propios alumnos vayan
gestando en su propio ser personal.
De ahí también la importancia de no dejarlos de
considerar en toda elaboración de un PDEI.
9. Competencias
de distinto tipo: de desarrollo personal, de autoaprendizaje, de interacción
social, de conocimientos, técnicas.
Las competencias o capacidades que se deben
desarrollar en los alumnos constituyen otro de los elementos fundamentales de
todo diseño de un PDEI. Hoy se estila mucho a hablar de competencias (del
inglés “competences”) en vez de capacidades, como un algo muy diferente al
desarrollo de las potencialidades que todo ser humano va teniendo en el
transcurso de su vida y que antiguamente eran parte del quehacer cotidiano de
los establecimientos educacionales. La diferencia de nombre no es menor, en la
medida que las competencias hoy son vistas como entes aislados en el quehacer
pedagógico y se les ha dado una relevancia mayor de la que deberían tener, pues
han ido adquiriendo una fisonomía discursiva propia, aislada de los contextos
de la filosofía educacional y los planteamientos curriculares y pedagógicos que
todo PDEI debe tener. La especialización sobre las competencias es algo que hoy
se presenta en la vida discursiva del quehacer pedagógico, como algo totalmente
nuevo e innovador.
De acuerdo a esta salvedad es que proponemos para
este trabajo cinco tipos de competencias que desarrollaremos a su debido
tiempo, en el transcurso del proceso educativo que nos tocará vivir en estos
meses: de desarrollo personal, de auto aprendizaje, de interacción
social, de conocimientos, técnicas.
10.
Recursos necesarios y potenciales: (humanos, tecnológicos, financieros,
infraestructura, infológicos).
Sin entrar a un análisis detallado de los
recursos, que son elementos también esenciales de un PDEI, nos parece
apropiado plantear aquí la diferencia entre los recursos reales con los cuales
cuenta el establecimiento educacional y los recursos potenciales que se pueden
descubrir y utilizar. Esto, de acuerdo a la muy antigua perspectiva de que la
realidad tienen en sí misma una potencialidad que poco de la misma hemos podido
descubrir y utilizar para beneficio, en este caso, de la tarea educativa.
Por eso es importante recalcar que los recursos
existentes, es decir, los que a primera vista podemos inventariar, son solo una
parte de los recursos que podemos utilizar para nuestra tarea pedagógica.
Existen otros recursos que son los llamados potenciales, es decir, aquellos que
están a nuestra disposición, pero que no utilizamos. Nos referimos no solo a
recursos tangibles, sino a aquellos recursos denominados intangibles, que están
dentro del amplio espectro de las potencialidades que nos ofrece la realidad y
que no utilizamos por mantener estructuras mentales muy rígidas y acostumbradas
a un tipo de acción pedagógica y no a otras.
Esta situación, que es normal en todo ser humano y
que le permite ahorro de energías (lo conocido es más amigable que lo
desconocido), tiene una cara negativa, que es justamente no saber aprovechar
las potencialidades que nos ofrecería la realidad si tuviésemos la conciencia
abierta para sustraer de ella toda la riqueza que hay en la misma. Nos
referimos en este caso, a las estructuras formales de conocimiento y
los contenidos de las mismas, que serán parte de los temas que
trataremos en el proceso que debemos vivir en esta construcción de un PDEI para
cada establecimiento educacional.
11. Fijación
de Metas.
Una tarea importante para darle carne y textura a
un PDEI es saber cuánto queremos lograr con nuestro accionar. En este sentido
si tenemos bien definidos los objetivos de nuestro quehacer educativo, tenemos
gran parte de la tarea hecha. Solo falta convertir esos objetivos, enunciados
teóricamente en enunciados medibles y cuantificables. Por eso se dice que las
metas son objetivos cuantificados. Es decir, una meta es lo mismo que un
objetivo, pero llevado a la cuantificación y debe, por lo mismo, existir plena
concordancia entre unos y otras.
Las metas deben equilibrarse, sin que estas se
fijen muy reducidamente (para protegerse de evaluaciones a posteriori, muy
duras) o muy inalcanzables, por pérdida de sentido de realidad, es decir, por
un mal diagnóstico de carencias y medios.
12. Estrategias
de logro (los caminos a seguir) y acciones específicas: cuadro de entrada
simple.
El arte de conseguir determinados objetivos y
metas significa equilibrar adecuadamente las estrategias que es preciso seguir
para el logro de los fines que perseguimos. En el caso educativo, las
estrategias significan fijar los caminos curriculares y pedagógicos que
asumiremos para llevar adelante nuestra tarea de lograr una educación adecuada
y pertinente a nuestros alumnos. Esos caminos son diversos y dependerá mucho
de la etapa del conocimiento con la cual comencemos nuestra
tarea pedagógica de enseñanza y aprendizaje. Es muy distinto comenzar el
aprendiz con la utilización de nuestros sentidos mediante la sensación, a
comenzar dicho aprendizaje con la idea o concepto para desde ahí emitir juicios
y raciocinios.
Como lo veremos en el transcurso de esta
construcción comunitaria de nuestros propios PDEI, la escalera del
conocimiento, como yo la denomino, es compleja y sobre ella deberemos tomar las
decisiones estrategias de inicio y término de los contenidos que intentamos
enseñar.
13. Etapas
de gestión y realización: cronograma y responsables por etapas y acciones.
Una no menos importante tarea al construir un PDEI
es elaborar una tabla de entrada simple que nos permita, por una parte,
distinguir las etapas de esta construcción, como también las acciones
involucradas y quiénes serán los actores participantes y responsables de las
mismas.
Esto permite aclarar los plazos (tiempo) y ubicar
con claridad las acciones, responsables y participantes en las mismas
(espacio), con lo cual tenemos configurado un escenario que nos permite tener y
aplicar medidas de control y evaluación (formativa) en relación a los procesos
que se están viviendo.
14.
Evaluaciones: Ex ante, Durante y Ex post.
Toda tarea o toda obra necesitan de estar en
permanente evaluación, lo que nos permite, por una parte, corregir los errores
que se vayan produciendo o, sencillamente, mejorar las tareas que hemos
emprendido. Por eso es primordial tener un buen sistema de evaluación que nos
informe sobre los logros alcanzados, las carencias que tenemos y las acciones
que van adelantadas, fuera de curso.
Como mínimo debemos aplicarnos en realizar
acciones de evaluación al comienzo del proceso, durante el mismo y posteriormente
para hacer evaluaciones de resultados y de impacto en el universo que queremos
influir.
La evaluación nos permite pisar tierra con
firmeza, por los datos que nos proporciona, pero a la vez, nos permite pensar
en los cambios e innovaciones que podemos realizar con un sentido realista. La
evaluación, en otras palabras, es una herramienta de gran utilidad en toda
tarea de construcción educativa, más aún cuando las generaciones de alumnos
pasan y entran al sistema educacional con cambios culturales que a primera
vista no son perceptibles a la simple mirada. De ahí que las evaluaciones sean
un imperativo que debemos asumir como un medio de perfeccionar nuestra tarea
educativa, más aún cuando está en juego un proyecto institucional como lo sería
un PDEI.
15. Proceso
de retroalimentación.
Bien entendido un proceso de retroalimentación
significa que es una mirada desde la realidad hacia el pasado con el cual la
comparamos mediante los diagnósticos y evaluaciones llevadas a cabo.
La retroalimentación en lo posible debe influir en
toda la comunidad educacional, como un medio de toma de conciencia de las
dificultades y desafíos que tenemos por delante.
Esta es una posibilidad abierta al diálogo
educativo, a la sana crítica y a la construcción del futuro educacional de las
nuevas y actuales generaciones de alumnos.
16. Definición
sobre la gestión para el proceso de ejecución de un PDEI.
Casi como un paso final, para cerrar un ciclo que
debe comenzar con otro similar de mejoría educativa, es preciso definir, una
vez conocidos los equipos de trabajo que se han conformado, con sus
características propias (de virtudes y defectos), determinar cuáles serán los
equipos, ya no generadores del PDEI, sino los equipos ejecutores del mismo.
Esta decisión, nos parece conveniente, hacerla de
manera democrática y participativa, pero respetándolas estructuras de autoridad
educacional existentes. Se trata de dar cabida a miembros destacados de la
comunidad educativa, para que aporten sus mejores esfuerzos a esta tarea de construcción
comunitaria, no olvidando que en muchos casos un buen elaborador no es
necesariamente un buen ejecutor.
Las normativas educacionales existentes deben dar
paso a una construcción innovadora, especialmente buscando desarrollar una
identidad propia del establecimiento educacional que se plasme en el PDEI que
construiremos en conjunto, como equipos de trabajo
OBSERVACIONES
Se recomienda que este esquema general debe ser
completado en sus formas específicas por los equipos de educadores existentes,
así como por directivos del centro.
Autor: Gabriel de Pujadas H, Educador, Septiembre de 2019, Santiago, Chile

