miércoles, 9 de octubre de 2019

PROYECTO DE DESARROLLO EDUCATIVO INSTITUCIONAL DE UN CENTRO



En este documento hacemos entrega de una extensa historia que comenzáramos en el año 1991, siendo este autor Director del Centro de Perfeccionamiento, Experimentación e Investigaciones Pedagógicas (CPEIP) y en cuyo momento, junto a un grupo de distinguidos educadores, desarrollamos un primer esbozo de lo que creíamos debería ser una nueva estructura de la escuela chilena. Nos referimos a lo que denominamos como “Proyecto de desarrollo educativo institucional”. Con  el correr del tiempo y siendo el Ministerio de Educación dirigidos por distinguidos profesionales tecnócratas, la palabra “desarrollo”, fue sacada del título original, no solo por problemas gramaticales o semánticos o por economía del uso del lenguaje, sino porque dicha palabra indicaba que el desenvolvimiento de la Escuela implicaba algo más que un proyecto educativo parcial y aislado de la comunidad y del manejo comunitario en equipo de profesionales de la educación.

La palabra desarrollo, en su acepción inicial consideraba al alumno como persona, única e indivisible, que debía ser respetada en sus condiciones básicas de existencia, en sus aspiraciones, en el uso de su capacidad de elección, de su apego y respeto hacia “los otros”, de la solidaridad que era capaz de ejercer con inteligencia y voluntad. Lamentablemente se pensaba que la Escuela, incomunicada y separada del resto, debía competir por un  lugar importante en las escalas de medición que se introducen en el país y que aun subsisten no con buenos logros educativos y formadores de personas. El alumno se convierte en un número que debe responder a las exigencias de instrumentos de evaluación numéricos para alcanzar algún sitial de prestigio. Al parecer el mundo ya está dando la vuelta final para dar paso, nuevamente, a evaluaciones humanas del profesor y del alumno y de sus relaciones pedagógicas,ricas en humanidad. Es así como quizá podamos ver un desarrollo educativo integral de nuestros niños y jóvenes, en el cual no se descarte la necesidad de evaluar cuali-cuantitativamente.

La estructura que proponemos ha sido conversada y aplicada con éxito en muchos colegios, liceos y escuelas de Chile, como también de México. Estamos ciertos que si conversamos este esfuerzo con calma, serenidad y deseos de formar una escuela humana y democrática para nuestras comunidades educativas lograremos ponerlo en proceso para lograr nuestros objetivos pedagógicos.

De ahí la necesidad de comenzar un proceso que tenga como primer escalón unos documentos bien estructurados y con claros  fines pedagógicos, sin omitir las exigencias que se supone emanan de las autoridades educativas del país. Un segundo escalón es crear una instancia de coordinación de seguimiento de los procesos que se lleven a cabo, a modo de una supervisión y consultoría permanente de dichos procesos, sin capacidad de decisión, y un tercer escalón o paralelo al segundo, es desarrollar una institucionalidad de evaluación de los logros alcanzados de acuerdo a los objetivos y medios acordados para el proceso de puesta en marcha del PDEI.

Por lo mismo estimamos necesario tener en claro que este proceso de innovar un centro educativo, no es tarea solo de un corto plazo (como por ejemplo, redactar un buen documento, para después ser dejado en un cajón o entregado por obligación a las autoridades), sino un proceso multi dimensional, con énfasis particulares en ciertos momentos de la innovación que se pretende realizar en el centro.



ELABORACIÓN DE LA ESTRUCTURA DE UN PROYECTO DE DESARROLLO EDUCATIVO INSTITUCIONAL (PDEI)
1)                  Introducción.
2)                  Definición sobre las modalidades de trabajo del equipo generador.
3)                  Visión.                                                                  
4)                  Diagnóstico.
5)                  Misión.
6)                  Fundamentación Educativa: Curricular  y Pedagógica.
7)                  Objetivos (corto, mediano y largo plazo).
8)                  Valores específicos que queremos desarrollar en los alumnos.          
9)                  Competencias de distinto tipo: de desarrollo personal, de autoaprendizaje, de interacción social,  de conocimientos,  técnicas.
10)               Recursos necesarios y potenciales: (humanos, tecnológicos, financieros, infraestructura, infológicos).
11)               Fijación de Metas: cuantitativas y cualitativas.(medibles)
12)               Estrategias de logro (los caminos a seguir) y acciones específicas: cuadro de entrada simple.
13)               Etapas de realización: cronograma y responsables por etapas y acciones.                
14)               Tópicos de las Evaluaciones: Ex ante, Durante y Ex post.
15)               Proceso  de retroalimentación (participativa en equipo).
16)               Definición sobre la gestión para el proceso de ejecución de un     PDEI.


1. Introducción.

Siempre en la introducción se expresa el objetivo principal del documento, como también sus partes más importantes o la agrupación de las mismas.

La introducción debe ser desarrollada antes de escribir el documento y no es una consecuencia del mismo, sino una aclaración previa de lo que queremos lograr con el desarrollo del documento. La tendencia es, en muchas ocasiones, a desarrollar la Introducción después de haber terminado el documento, lo cual demuestra sólo la falta de claridad inicial sobre lo que se quería lograr específicamente al comenzar el trabajo.

2. Definición sobre las modalidades de trabajo del equipo generador.

Todo trabajo de elaboración implica un esfuerzo individual o comunitario. En la elaboración de un PDEI, por ser un producto colectivo de trabajo en equipo, se supone que se realiza un trabajo comunitario en donde cada cual aporta elementos para esa construcción común, en la cual participan todos los estamentos del establecimiento educativo.

De ahí la importancia de tomar acuerdos sobre el cómo realizarán la tarea de desarrollar el documento de un PDEI. La delimitación de funciones y actividades de parte de los componentes de la comunidad educativa debe ser hecha como una propuesta participativa por parte del Director del establecimiento educacional, entre cuyos elementos debe conformarse un “Equipo Generador” del documento de diseño y en lo posible, de la etapa posterior de ejecución del PDEI.


3. Visión.


La Visión constituye una parte importante de la elaboración de un PDEI, en la medida que ésta constituye la orientación global-contextual del medio en el cual se desarrollará el Proyecto. No es necesariamente una cristalización en el tiempo y el espacio del medio circundante del establecimiento, sino que es una  mirada o perspectiva en la cual se ubica éste. Es un “deber ser educativo” que guiará el desarrollo del PDEI y en el cual se incluyen aspectos propios a la cultura, la vida social, económica y la historia en la cual se ubica el centro, como también los valores que se sustentan de manera general, sin llegar a concretarlos en su enunciado en la persona de los alumnos/as.

4. Diagnóstico.


Es la etapa de análisis de las variables que intervienen en la vida del establecimiento educacional y que deben seleccionarse de acuerdo a la visión que se ha establecido para el desarrollo de éste. No es una evaluación, ya que ésta se realiza comparando dos situaciones similares en dos o más momentos distintos. El diagnóstico, por el contrario, es una mirada original a la realidad educacional, de acuerdo a lo que pensamos que ella debe ser (Visión) con sus distintos elementos (actores, estructuras, objetivos, metas, recu8rsos, etc.). El diagnóstico nos permite elaborar etapas más concretas que la Visión misma, ubicándolas en un tiempo y un espacio determinado, elementos que no se contemplan rigurosamente en la elaboración de la Visión.


5. Misión.

La Misión, a diferencia de la Visión, es una mirada del “deber ser educativo” pero ubicado en un tiempo y espacio determinado, en la cual se incluyen los distintos elementos que integran en la realidad un establecimiento educacional, sus propósitos más concretos y una visión de los alumnos/as que queremos formar.

6. Fundamentación Educativa: curricular  y pedagógica.

Todo PDEI debe tener una fundamentación educativa de carácter curricular y pedagógico, pues es la misma la que le da el sentido educativo a este Proyecto. Estos dos elementos, de carácter específicamente educativos, son los que le dan al PDEI un fundamento teórico de orientación práctica, pues a través de los mismos se fijan las orientaciones sobre lo que queremos hacer y que caminos queremos recorrer en el proceso educativo (planes, programas actividades, acciones, etc.), como también expresar la forma y estrategias que utilizaremos pedagógicamente para llevar a cabo nuestra acción educativa en el aula y cuál debería ser el comportamiento de los actores educativos en esta instancia (especialmente profesores y alumnos), incluyendo en ellos a todos aquellos que tengan una injerencia directa en las acciones pedagógicas en el marco de un contexto curricular.

7. Objetivos del quehacer educativo.

La fijación de objetivos debe basarse en los elementos explicados anteriormente, pero desde la perspectiva de lo que queremos lograr en términos de aprendizaje y desarrollo de los alumnos. Esto no quiere decir, en ningún caso, que no se deban fijar objetivos de la enseñanza, pues esta es junto con los otros componentes una triada indisoluble del quehacer pedagógico: enseñanza+aprendizaje+desarrollo.

Los objetivos, como su nombre lo indica, deben ser claros, precisos, expresados sin mucha rimbombancia, apuntando al desarrollo integral y al aprendizaje de los alumnos, para lo cual debemos tener un claro diagnóstico de los mismos y desde ahí proyectar nuestro accionar.

Es preciso recordar que los objetivos corresponden a conductas, sentimientos, pensamientos, habilidades, destrezas, manejo corporal, etc. que deben lograr los alumnos, para lograr superar las brechas existentes entre el diagnósticos realizado por nosotros y el deber ser educativo que pretendemos lograr al fijar dichos objetivos. En este sentido los objetivos del quehacer educativo son luces que nos iluminan, pero que a la vez nos exigen decidir sobre las mejores y más adecuadas estrategias para lograr aprendizajes significativos (es decir, pertinentes) y el desarrollo consecuente de nuestros alumnos.

8. Valores específicos.

Una tarea importante en el diseño de todo PDEI, es aclarar y resaltar, explícitamente,  cuáles son los valores que queremos trasmitir a los alumnos de acuerdo a los valores que sustentamos como comunidad educativa o como grupo gestionador del establecimiento educacional. Y decimos trasmitir, pues los valores no existen solo como entidades ajenas a nuestra conciencia o a nuestra capacidad de apreciar el mundo, sino existen como entes sociales, con los cuales convivimos cotidianamente.
Lo importante es desentrañar pedagógica y curricularmente cuales serán esos valores que guiarán nuestro quehacer educativo, pues estos constituyen un elemento importante en la configuración de la identidad y desarrollo del ser humano. Por otra parte, son estos valores los que guiarán la existencia futura de nuestros alumnos.
También es importante resaltar que los valores no son entelequias intelectuales que se puedan enseñar, como una materia más del currículo escolar, sino que los mismos  se forman de acuerdo a los modelos personales y de vida con los cuales los alumnos se encuentran en su vida familiar y escolar. En este sentido los educadores tenemos un rol muy importante en la formación de los valores que los propios alumnos vayan gestando en su propio ser personal.
De ahí también la importancia de no dejarlos de considerar en toda elaboración de un PDEI.

9. Competencias de distinto tipo: de desarrollo personal, de autoaprendizaje, de interacción social,  de conocimientos,  técnicas.

Las competencias o capacidades que se deben desarrollar en los alumnos constituyen otro de los elementos fundamentales de todo diseño de un PDEI. Hoy se estila mucho a hablar de competencias (del inglés “competences”) en vez de capacidades, como un algo muy diferente al desarrollo de las potencialidades que todo ser humano va teniendo en el transcurso de su vida y que antiguamente eran parte del quehacer cotidiano de los establecimientos educacionales. La diferencia de nombre no es menor, en la medida que las competencias hoy son vistas como entes aislados en el quehacer pedagógico y se les ha dado una relevancia mayor de la que deberían tener, pues han ido adquiriendo una fisonomía discursiva propia, aislada de los contextos de la filosofía educacional y los planteamientos curriculares y pedagógicos que todo PDEI debe tener. La especialización sobre las competencias es algo que hoy se presenta en la vida discursiva del quehacer pedagógico, como algo totalmente nuevo e innovador.
De acuerdo a esta salvedad es que proponemos para este trabajo cinco tipos de competencias que desarrollaremos a su debido tiempo, en el transcurso del proceso educativo que nos tocará vivir en estos meses: de desarrollo personal, de auto aprendizaje, de interacción social,  de conocimientos,  técnicas.

10. Recursos necesarios y potenciales: (humanos, tecnológicos, financieros, infraestructura, infológicos).

Sin entrar a un análisis detallado de los recursos,  que son elementos también esenciales de un PDEI, nos parece apropiado plantear aquí la diferencia entre los recursos reales con los cuales cuenta el establecimiento educacional y los recursos potenciales que se pueden descubrir y utilizar. Esto, de acuerdo a la muy antigua perspectiva de que la realidad tienen en sí misma una potencialidad que poco de la misma hemos podido descubrir y utilizar para beneficio, en este caso, de la tarea educativa.
Por eso es importante recalcar que los recursos existentes, es decir, los que a primera vista podemos inventariar, son solo una parte de los recursos que podemos utilizar para nuestra tarea pedagógica. Existen otros recursos que son los llamados potenciales, es decir, aquellos que están a nuestra disposición, pero que no utilizamos. Nos referimos no solo a recursos tangibles, sino a aquellos recursos denominados intangibles, que están dentro del amplio espectro de las potencialidades que nos ofrece la realidad y que no utilizamos por mantener estructuras mentales muy rígidas y acostumbradas a un tipo de acción pedagógica y no a otras.

Esta situación, que es normal en todo ser humano y que le permite ahorro de energías (lo conocido es más amigable que lo desconocido), tiene una cara negativa, que es justamente no saber aprovechar las potencialidades que nos ofrecería la realidad si tuviésemos la conciencia abierta para sustraer de ella toda la riqueza que hay en la misma. Nos referimos en este caso, a las estructuras formales de conocimiento y los contenidos de las mismas, que serán parte de los temas que trataremos en el proceso que debemos vivir en esta construcción de un PDEI para cada establecimiento educacional.

11. Fijación de Metas.

Una tarea importante para darle carne y textura a un PDEI es saber cuánto queremos lograr con nuestro accionar. En este sentido si tenemos bien definidos los objetivos de nuestro quehacer educativo, tenemos gran parte de la tarea hecha. Solo falta convertir esos objetivos, enunciados teóricamente en enunciados medibles y cuantificables. Por eso se dice que las metas son objetivos cuantificados. Es decir, una meta es lo mismo que un objetivo, pero llevado a la cuantificación y debe, por lo mismo, existir plena concordancia entre unos y otras.
Las metas deben equilibrarse, sin que estas se fijen muy reducidamente (para protegerse de evaluaciones a posteriori, muy duras) o muy inalcanzables, por pérdida de sentido de realidad, es decir, por un mal diagnóstico de carencias y medios.

12. Estrategias de logro (los caminos a seguir) y acciones específicas: cuadro de entrada simple.

El arte de conseguir determinados objetivos y metas significa equilibrar adecuadamente las estrategias que es preciso seguir para el logro de los fines que perseguimos. En el caso educativo, las estrategias significan fijar  los caminos curriculares y pedagógicos que asumiremos para llevar adelante nuestra tarea de lograr una educación adecuada y pertinente a nuestros alumnos. Esos caminos son diversos y dependerá mucho de la etapa del conocimiento con la cual comencemos nuestra tarea pedagógica de enseñanza y aprendizaje. Es muy distinto comenzar el aprendiz con la utilización de nuestros sentidos mediante la sensación, a comenzar dicho aprendizaje con la idea o concepto para desde ahí emitir juicios y raciocinios.
Como lo veremos en el transcurso de esta construcción comunitaria de nuestros propios PDEI, la escalera del conocimiento, como yo la denomino, es compleja y sobre ella deberemos tomar las decisiones estrategias de inicio y término de los contenidos que intentamos enseñar.   

13. Etapas de gestión y realización: cronograma y responsables por etapas y acciones.

Una no menos importante tarea al construir un PDEI es elaborar una tabla de entrada simple que nos permita, por una parte, distinguir las etapas de esta construcción, como también las acciones involucradas y quiénes serán los actores participantes y responsables de las mismas.
Esto permite aclarar los plazos (tiempo) y ubicar con claridad las acciones, responsables y participantes en las mismas (espacio), con lo cual tenemos configurado un escenario que nos permite tener y aplicar medidas de control y evaluación (formativa) en relación a los procesos que se están viviendo.
         
14. Evaluaciones: Ex ante, Durante y Ex post.

Toda tarea o toda obra necesitan de estar en permanente evaluación, lo que nos permite, por una parte, corregir los errores que se vayan produciendo o, sencillamente, mejorar las tareas que hemos emprendido. Por eso es primordial tener un buen sistema de evaluación que nos informe sobre los logros alcanzados, las carencias que tenemos y las acciones que van adelantadas, fuera de curso.

Como mínimo debemos aplicarnos en realizar acciones de evaluación al comienzo del proceso, durante el mismo y posteriormente para hacer evaluaciones de resultados y de impacto en el universo que queremos influir.
La evaluación nos permite pisar tierra con firmeza, por los datos que nos proporciona, pero a la vez, nos permite pensar en los cambios e innovaciones que podemos realizar con un sentido realista. La evaluación, en otras palabras, es una herramienta de gran utilidad en toda tarea de construcción educativa, más aún cuando las generaciones de alumnos pasan y entran al sistema educacional con cambios culturales que a primera vista no son perceptibles a la simple mirada. De ahí que las evaluaciones sean un imperativo que debemos asumir como un medio de perfeccionar nuestra tarea educativa, más aún cuando está en juego un proyecto institucional como lo sería un PDEI.   

15. Proceso  de retroalimentación.

Bien entendido un proceso de retroalimentación significa que es una mirada desde la realidad hacia el pasado con el cual la comparamos mediante los diagnósticos y evaluaciones llevadas a cabo.
La retroalimentación en lo posible debe influir en toda la comunidad educacional, como un medio de toma de conciencia de las dificultades y desafíos que tenemos por delante.
Esta es una posibilidad abierta al diálogo educativo, a la sana crítica y a la construcción del futuro educacional de las nuevas y actuales generaciones de alumnos.

16. Definición sobre la gestión para el proceso de ejecución de un PDEI.

Casi como un paso final, para cerrar un ciclo que debe comenzar con otro similar de mejoría educativa, es preciso definir, una vez conocidos los equipos de trabajo que se han conformado, con sus características propias (de virtudes y defectos), determinar cuáles serán los equipos, ya no generadores del PDEI, sino los equipos ejecutores del mismo.

Esta decisión, nos parece conveniente, hacerla de manera democrática y participativa, pero respetándolas estructuras de autoridad educacional existentes. Se trata de dar cabida a miembros destacados de la comunidad educativa, para que aporten sus mejores esfuerzos a esta tarea de construcción comunitaria, no olvidando que en muchos casos un buen elaborador no es necesariamente un buen ejecutor.

Las normativas educacionales existentes deben dar paso a una construcción innovadora, especialmente buscando desarrollar una identidad propia del establecimiento educacional que se plasme en el PDEI que construiremos en conjunto, como equipos de trabajo

OBSERVACIONES

Se recomienda que este esquema general debe ser completado en sus formas específicas por los equipos de educadores existentes, así como por directivos del centro.


Autor: Gabriel de Pujadas H, Educador, Septiembre de 2019, Santiago, Chile

ESCALA DEL CONOCIMIENTO Y COMPETENCIAS DIDÁCTICAS


 ¿QUÉ  ES EL CONOCIMIENTO?



Es un fenómeno complejo, multidimensional y multivariado, que ha sido preocupación de muchas disciplinas de pensamiento en tiempos distintos del desarrollo de la humanidad, mediante el cual el ser humano capta y recoge (o se intercomunica con…)  los datos de la realidad y los integra en sus esquemas o modelos conceptuales, afectivos, corporales y socioculturales que se han formados a través de la existencia humana individual o comunitaria.

La Filosofía, mediante su rama epistemológica, ha sido una de las primeras en preocuparse del tema. Hoy podemos contar con otros aportes importantes que deberán verse mas adelante en profundidad. Para no caer en una reflexión ajena a nuestros objetivos actuales, sintetizaremos y presentamos un esquema del desarrollo del conocimiento, que comienzan con la sensación hasta terminar en la Intuición intelectual[1]
  

LA ESCALA O CÍRCULO DEL  CONOCIMIENTO

La Sensación
Es el primer peldaño del conocimiento.
Está siempre limitada, a un tiempo y a un espacio determinado.
Se ubica en el aquí y ahora.
Se produce por la puesta en marcha de los  sentidos.
Es rica en la descripción de fenómenos y detalles de la realidad

La Percepción
Está constituida por un conjunto de sensaciones, pero ofrece una mirada global.
Se ubica en un tiempo y espacio determinado.
Posee la cualidad de distinguir forma y fondo.
Varía de acuerdo a la perspectiva del que conoce.

La Imaginación
Es la facultad que nos permite crear imágenes. ¿Cómo? Por simple abstracción de los observado repetidamente en las percepciones.
Estas pueden ser proyectadas al futuro (fantasía) y retrotraerlas del pasado (memoria)
No se ubican en un tiempo y espacio determinado y por lo mismo son más difusas que las sensaciones y percepciones.
Las imágenes nos permiten construir nuevas formas de mirar y proyectar la realidad (capacidad de diseño)

Concepto o Idea
La idea es un primer nivel del conocimiento abstracto.
La idea no tiene ni tiempo ni espacio. Es una abstracción.
La precisión de la idea se presenta mediante el manejo conceptual.
La idea nos permite asimilar lo esencial de las cosas o seres que tienen realidad presente o virtual.

Juicio
Es la unión de dos o más ideas que determinan la realidad.
Los juicios siempre denotan relación entre dos o más entes, cosas o cualidades.
El juicio es una forma de sintetizar la realidad a la cual se refiere. El juicio es la base del raciocinio.

Raciocinio
Es un conjunto de juicios que enlazados permiten construir un discurso o razonamiento. La lógica distingue:
Raciocinios Correctos o Incorrectos (corrección o incorrección de la construcción lógica del discurso) y raciocinios verdades o falsos (cercanos o no a la realidad)

Intuición
La intuición es la capacidad que tiene el ser humano de captar lo esencial de la cosa o situación, por medio de lo cual “comprende” a cabalidad la naturaleza y el ser de la misma.
Para algunos, la intuición es el modo más sublime  del conocimiento de la realidad.
No debe ser confundida con la intuición cotidiana. Aquí se trata de la intuición que nace desde las  sensaciones profundas del ser humano hasta el raciocinio en su  máxima expresión.

EL CONOCIMIENTO Y SUS DERIVACIONES PEDAGÓGICAS

Así estructurado el conocimiento y considerando la vital importancia que éste tiene para la formación de los alumnos, ¿por dónde comenzar el proceso pedagógico de enseñanza y aprendizaje?

Lo primero es determinar por cual etapa del conocimiento queremos comenzar. No importa por cual etapa comencemos, pero debemos tenerlo claro desde un comienzo. No es lo mismo comenzar el proceso desde la sensación (pedagogía del hacer) a comenzar por las ideas o conceptos (pedagogía académica), o por la imaginación (que considera el mundo de lo virtual). Los derroteros que nos dan los puntos de partida son esenciales de clarificar para saber desde donde salimos y hacia dónde vamos.

Lo segundo es saber que queremos que los estudiantes  aprendan, en un periodo determinado. Esto también está determinado por el punto de partida del conocimiento. Por ejemplo, no es lo mismo comenzar a trabajar desde los juicios si queremos que el alumno aprenda a diseñar una silla de madera, ni es lo mismo comenzar con la observación de la realidad (tiempo y espacio de la sensación y percepción) si queremos que el alumno nos recite en un corto plazo una poesía memorizada.

Lo tercero es planificar el proceso de enseñanza, aprendizaje y desarrollo. Visto esto, es preciso que todo profesor/a determine claramente “las ideas fuerza” de la planificación de su enseñanza que asumirá  (ya sea mediante un estilo tradicional y frontal o un estilo más democrático y participativo) para alcanzar los niveles de aprendizaje deseados para sus alumnos, de acuerdo a las condicionantes biosicosociales de los mismos.

Lo cuarto es estar al tanto sobre qué instrumentos didácticos emplearemos. Esto que aparece como algo tan simple, guarda una gran importancia al momento de poner en aplicación la enseñanza que se pretende llevar a cabo para el logro de los objetivos pedagógicos previamente planificados. El uso del material didáctico (acciones y recursos varios) adquiere una dimensión pedagógica vital para el éxito de la acción educativa. Nada sacamos con saber en profundidad las disciplinas educacionales (sicología, sociología, evaluación, diseño curricular, filosofía educacional, etc.) si no somos capaces de ponerlas en práctica mediante el uso de la didáctica y sus instrumentos propios.

Lo quinto es saber cómo evaluaremos. Todo proceso  pedagógico debe ser, de parte del profesor/a consciente y dirigido, y para ello debemos planificar la enseñanza y el logro de los aprendizajes. El camino a recorrer entre la realidad pedagógica presente y la realidad futura requiere de Evaluación permanente, no solo de los aprendizajes de los alumnos, sino de la puesta en marcha de todas aquellas funciones que son propias a la enseñanza por parte del profesor; como también las condicionantes institucionales que permiten o no ejercer una acción pedagógica adecuada en contextos educacionales diversos.  La evaluación, en este sentido, nos permite ajustar lo planificado de acuerdo a los resultados que se vayan obteniendo.

¿QUE SON LAS COMPETENCIAS DIDÁCTICAS?

Las competencias son un repertorio de comportamientos que algunas personas dominan mejor que otras, lo que las hace que tengan respuestas eficaces en una situación determinada. Son, al mismo tiempo,  un conjunto de conductas tipo y procedimientos, (razonamientos) que se pueden poner en práctica sin nuevo aprendizaje. Se relacionan con la puesta en práctica integrada de aptitudes, rasgos de personalidad y también conocimientos adquiridos para cumplir bien una misión o tarea. También tienen un carácter “local”, es decir, dependen del marco de la institución en el que son elaboradas y desarrolladas.

No obstante, las competencias son instrumentos valiosos para la consecución de los objetivos educativos que pretendemos lograr, si es que conseguimos distinguirlas entre las que poseen los estudiantes de manera natural de aquellas otras que podamos formar o fortalecer por nuestra propia acción educativa.

Para que la educación actúe eficazmente como promotora del desarrollo de competencias personales, sociales y políticas en los hombres, es necesario que ella sufra, en sí misma, de reestructuraciones permanentes en sus contenidos curriculares, estilos de acción pedagógica, conformaciones institucionales, modos de ver la realidad, etc., que le permitan adecuarse a los requerimientos del mundo moderno, con todo lo que ello significa en materias de renovación y conservación social (Innovaciones educativas).
De una parte, la educación debe actuar como un elemento transmisor y conservador de la tradición cultural de las sociedades. Quiéralo o no, la educación realiza el proceso de  transmisión cultural de las generaciones más viejas a las generaciones más jóvenes. En este sentido, actúa como un factor de conservación de la vida social y cultural de los pueblos, situación que se hace cada día más difícil de lograr dados los fenómenos de la aceleración de los cambios y la globalización mundial.

Es a través de los procesos de educación y socialización como las generaciones más viejas trasmiten a las más  jóvenes su cultura  y con esto les trasmiten una serie de elementos que van configurando la vida social y cultural emergente. Esas generaciones transmiten sus propios modos de ver, pensar, sentir y actuar sobre el mundo y es así como quieren que las generaciones jóvenes perciban y se enfrenten a la realidad compartida. Sin embargo, la competencia por el dominio de la realidad no es una competencia desprovista de una normativa que asegura la supervivencia del más débil, en este caso las generaciones más viejas. A la fuerza y energía de los jóvenes, los viejos orientan con la experiencia de vida.

La educación es depositaria de este aspecto de la vida social de los pueblos y es en sus procesos internos donde confluyen estos elementos aparentemente en contradicción. Los educadores son los representantes de la tradición social, pero, por otra parte, por su contacto cotidiano con los niños y jóvenes, son parte de la renovación que impulsan las nuevas generaciones. La educación es, por lo mismo, conservación de la vida social, pero a la vez, transformación permanente. Este lugar de privilegio ha permitido ver a la educación, como un instrumento de dominación por unos y por otros, como un medio de liberación, dependiendo del lugar y óptica social en el cual se encuentren.

Esta situación hace que la educación deba enfrentar el problema de los requerimientos de innovaciones educativas constantes que, sin atentar contra  la tradición, proyecten la enseñanza y los aprendizajes hacia el futuro, asumiendo los nuevos desafíos del mundo contemporáneo.

En un antiguo texto[2], planteábamos que las innovaciones educativas deberían producirse de manera planificada, para que ellas fueran motores eficientes  de transformación de los sistemas educativos y de la acción pedagógica que se realizaba en ellos. Afirmábamos, además, que esa planificación debería involucrar a los actores educativos a través de mecanismos de participación adecuados a las tareas desempeñadas y a las organizaciones que los representaban. De otro modo, toda innovación educativa podría fracasar al no contar con el apoyo de aquellos que las debían llevar a la práctica o eran afectadas por las mismas.

De ahí la importancia que tienen los profesores para cumplir ambas funciones sociales básicas de la educación: la conservación de las tradiciones que dan identidad a los pueblos y la renovación de la vida social, que consolida esa misma identidad. El problema surge, a nuestro juicio, en la segunda función. Los profesores no son formados para introducir innovaciones educativas al sistema ni a la acción pedagógica. Las instituciones formadoras de profesores mantienen los mismos sistemas tradicionales de formación que se vienen utilizando desde hace décadas y ello no posibilita el desarrollo de actitudes y conductas innovadoras en las nuevas generaciones de estos profesionales.
Se puede inferir que en la medida que la formación de profesores siga de manera tradicional, es decir, en donde el cambio es concebido como una situación anómala, no se podrán incluir innovaciones educativas de carácter significativo que impliquen modificación de actitudes y conductas en los nuevos profesores para efectos de enfrentar de manera innovadora la acción pedagógica.

El problema radica en que ese cambio debe producirse lo antes posible, dado lo descrito anteriormente: el mundo se expande, está cambiando aceleradamente, el hombre necesita auto realizarse y los niveles de exigencias para las nuevas competencias son  cada día más altos. Al parecer, la educación hoy día no está respondiendo a los requerimientos del desarrollo futuro y va quedando atrás en la posibilidad de responder adecuadamente a los requerimientos que el desarrollo y la actualización del potencial humano requieren.


Por ello es preciso plantearse una estrategia de introducción de innovaciones educativas que comience por la formación de nuevos profesores. El hombre enseña como aprende, y si ello ocurre así, es posible inferir que, si no se efectúan transformaciones en las instituciones formadoras de profesores, cada día la educación quedará atrás en sus respuestas a las condicionantes socioeducativas del futuro, fosilizada en su propia institucionalidad tradicional.

Sin embargo, el mundo de las innovaciones educativas mucho tiene que ver con las concepciones del mundo y la sociedad de los distintos grupos de poder que conviven en la sociedad. La educación tal como lo decíamos es un instrumento importante de transmisión de las ideologías imperantes en un momento determinado. Por eso mismo, cualquier análisis que se haga de las innovaciones educativas no sólo debe enfocarse desde una perspectiva exclusivamente pedagógica, ya que querámoslo o no, esa es sólo una parte del problema.

Los grupos de poder (especialmente los tecnocráticos) querrán ser siempre ellos los que impulsen y logren éxito con la implantación de las innovaciones educativas, especialmente aquellas que tienen impacto público, como las modificaciones estructurales del sistema o los nuevos planteamientos curriculares que tengan un impacto global. Es por eso que las innovaciones educativas de carácter global que afectan a todo el sistema educativo, llevadas a cabo por grupos de poder que no motivan el apoyo y participación de los actores educativos involucrados en las acciones pedagógicas (especialmente los profesores), están condenadas al fracaso. Se produce una contradicción casi imposible de salvar entre el interés particular de los grupos de poder gestores de las innovaciones educativas y aquellos otros (muchos de los cuales no comparten las mismas áreas  de interés) que deben implementarlas. Se ocasionan boicots muchas veces surgidos del rechazo o, sencillamente, por la preservación de los espacios de poder e influencia ya logrados y que son propios de la acción pedagógica.

Pese a todo esto, el mundo contemporáneo necesita que las sociedades realicen profundas innovaciones en sus sistemas educativos y en sus estilos de acción pedagógica, para que la educación pueda adecuarse a los desafíos del futuro. De ahí también la importancia de introducir en las entidades formadoras de profesores un estilo permanente de hacer innovaciones en la práctica de la enseñanza y formación de los futuros maestros

¿Cómo nos damos cuenta de que existen?

Porque son observables en la realidad cotidiana del trabajo e igualmente en situaciones de prueba, en donde las personas ponen en práctica en forma espontánea e integrada, aptitudes, rasgos de personalidad y conocimientos adquiridos.
Representan un trazo de unión entre las características individuales y las cualidades requeridas para llevar a cabo misiones profesionales precisas.

¿Cómo se desarrollan las Competencias Blandas?

Son consecuencia de la experiencia y constituyen saberes articulados, integrados entre ellos y de algunas maneras automatizadas (hábito). El individuo competente puede demostrar su competencia, pero se le pondrá en aprietos si se le pide que lo verbalice. (por ejemplo, ¿ el criterio pedagógico, podría ser un caso de no verbalización?)[3]
  
Es por esto que un  concepto que nos puede ayudar a conseguir mayores logros pedagógicos  es el de “competencias”, que nosotros definiremos como "un conjunto de habilidades y destrezas de procedimientos, motoras, intelectuales y afectivas, que se actualizan de acuerdo al potencial humano del sujeto que las posee y que se ponen en marcha mediante acciones que tienen como fin el superar obstáculos o afirmar elementos facilitadores, que impiden o posibilitan, el logro de un objetivo determinado en un contexto circundante particular".

Es por lo mismo que no basta con definir las competencias como un conjunto de características, de diversa índole, tenidas por un sujeto, sino que sólo se transforman en competencias, en la medida que dichas características se ponen en marcha, es decir, actualizan en el sujeto, lo que previamente estaba en términos potenciales. No obstante, los actos que actualizan esas potencialidades deben ser congruentes en formas y contenidos  con las mismas. En otras palabras, las competencias son tales, en la medida que existen en el sujeto las posibilidades previas sobre las cuales ellas se actualicen.

   


Afectividad: sentimientos y emociones







Estas competencias, en el caso de la formación de los futuros profesores, deben responder a lo menos a dos elementos: por una parte, unos desarrollos internos del propio aprendiz de profesor, que le permitirán actuar pedagógicamente de manera adecuada y pertinente con sus alumnos y por otra, la consideración objetiva y sistemática de las  necesidades pedagógicas de aprendizaje que se deberán atender en los propios alumnos.


  Razones y lógica:                    visión intelectual del mundo





 

El SI MISMO (Identidad del sujeto)

    

Corporeidad
    (Sensibilidad)
              

      
Socialización:
(Identidad social  y
Cultural en el mundo)
 














LA PROFESION DOCENTE, LOS EMAD Y LAS INNOVACIONES EDUCATIVAS DEMOCRÁTICAS

La búsqueda de la identidad y la conformación de un marco valórico. En el plano de la innovaciones para el desarrollo pleno del alumno, ...