Es un fenómeno complejo, multidimensional y multivariado,
que ha sido preocupación de muchas disciplinas de pensamiento en tiempos
distintos del desarrollo de la humanidad, mediante el cual el ser humano capta
y recoge (o se intercomunica con…) los
datos de la realidad y los integra en sus esquemas o modelos conceptuales,
afectivos, corporales y socioculturales que se han formados a través de la
existencia humana individual o comunitaria.
La Filosofía, mediante su rama epistemológica, ha sido una de las primeras en preocuparse del tema. Hoy podemos contar con otros aportes importantes que deberán verse mas adelante en profundidad. Para no caer en una reflexión ajena a nuestros objetivos actuales, sintetizaremos y presentamos un esquema del desarrollo del conocimiento, que comienzan con la sensación hasta terminar en la Intuición intelectual[1]
LA ESCALA O CÍRCULO DEL
CONOCIMIENTO
La Sensación
Es el
primer peldaño del conocimiento.
Está
siempre limitada, a un tiempo y a un espacio determinado.
Se
ubica en el aquí y ahora.
Se
produce por la puesta en marcha de los
sentidos.
Es
rica en la descripción de fenómenos y detalles de la realidad
La Percepción
Está
constituida por un conjunto de sensaciones, pero ofrece una mirada global.
Se ubica en
un tiempo y espacio determinado.
Posee la
cualidad de distinguir forma y fondo.
Varía de
acuerdo a la perspectiva del que conoce.
La Imaginación
Es la
facultad que nos permite crear imágenes. ¿Cómo? Por simple abstracción de los
observado repetidamente en las percepciones.
Estas
pueden ser proyectadas al futuro (fantasía) y retrotraerlas del pasado (memoria)
No se
ubican en un tiempo y espacio determinado y por lo mismo son más difusas que
las sensaciones y percepciones.
Las
imágenes nos permiten construir nuevas formas de mirar y proyectar la realidad
(capacidad de diseño)
Concepto o Idea
La
idea es un primer nivel del conocimiento abstracto.
La
idea no tiene ni tiempo ni espacio. Es una abstracción.
La
precisión de la idea se presenta mediante el manejo conceptual.
La
idea nos permite asimilar lo esencial de las cosas o seres que tienen realidad
presente o virtual.
Juicio
Es la
unión de dos o más ideas que determinan la realidad.
Los
juicios siempre denotan relación entre dos o más entes, cosas o cualidades.
El
juicio es una forma de sintetizar la realidad a la cual se refiere. El juicio
es la base del raciocinio.
Raciocinio
Es un
conjunto de juicios que enlazados permiten construir un discurso o
razonamiento. La lógica distingue:
Raciocinios
Correctos o Incorrectos (corrección o
incorrección de la construcción lógica del discurso) y raciocinios verdades o
falsos (cercanos o no a la realidad)
Intuición
La
intuición es la capacidad que tiene el ser humano de captar lo esencial de la
cosa o situación, por medio de lo cual “comprende” a cabalidad la naturaleza y
el ser de la misma.
Para
algunos, la intuición es el modo más sublime
del conocimiento de la realidad.
No debe ser
confundida con la intuición cotidiana. Aquí se trata de la intuición que nace
desde las sensaciones profundas del ser
humano hasta el raciocinio en su máxima
expresión.
EL CONOCIMIENTO Y SUS DERIVACIONES PEDAGÓGICAS
Así
estructurado el conocimiento y considerando la vital importancia que éste tiene
para la formación de los alumnos, ¿por dónde comenzar el proceso pedagógico de
enseñanza y aprendizaje?
Lo primero es determinar por cual etapa del conocimiento queremos comenzar. No importa por cual etapa comencemos, pero debemos tenerlo claro desde un comienzo. No es lo mismo comenzar el proceso desde la sensación (pedagogía del hacer) a comenzar por las ideas o conceptos (pedagogía académica), o por la imaginación (que considera el mundo de lo virtual). Los derroteros que nos dan los puntos de partida son esenciales de clarificar para saber desde donde salimos y hacia dónde vamos.
Lo segundo es saber que queremos que los estudiantes aprendan, en un periodo determinado. Esto también está determinado por el punto de partida del conocimiento. Por ejemplo, no es lo mismo comenzar a trabajar desde los juicios si queremos que el alumno aprenda a diseñar una silla de madera, ni es lo mismo comenzar con la observación de la realidad (tiempo y espacio de la sensación y percepción) si queremos que el alumno nos recite en un corto plazo una poesía memorizada.
Lo tercero es planificar el proceso de enseñanza, aprendizaje y desarrollo. Visto esto, es preciso que todo profesor/a determine claramente “las ideas fuerza” de la planificación de su enseñanza que asumirá (ya sea mediante un estilo tradicional y frontal o un estilo más democrático y participativo) para alcanzar los niveles de aprendizaje deseados para sus alumnos, de acuerdo a las condicionantes biosicosociales de los mismos.
Lo cuarto es estar al tanto sobre qué instrumentos didácticos emplearemos. Esto que aparece como algo tan simple, guarda una gran importancia al momento de poner en aplicación la enseñanza que se pretende llevar a cabo para el logro de los objetivos pedagógicos previamente planificados. El uso del material didáctico (acciones y recursos varios) adquiere una dimensión pedagógica vital para el éxito de la acción educativa. Nada sacamos con saber en profundidad las disciplinas educacionales (sicología, sociología, evaluación, diseño curricular, filosofía educacional, etc.) si no somos capaces de ponerlas en práctica mediante el uso de la didáctica y sus instrumentos propios.
Lo quinto es saber cómo evaluaremos. Todo proceso pedagógico debe ser, de parte del profesor/a consciente y dirigido, y para ello debemos planificar la enseñanza y el logro de los aprendizajes. El camino a recorrer entre la realidad pedagógica presente y la realidad futura requiere de Evaluación permanente, no solo de los aprendizajes de los alumnos, sino de la puesta en marcha de todas aquellas funciones que son propias a la enseñanza por parte del profesor; como también las condicionantes institucionales que permiten o no ejercer una acción pedagógica adecuada en contextos educacionales diversos. La evaluación, en este sentido, nos permite ajustar lo planificado de acuerdo a los resultados que se vayan obteniendo.
¿QUE SON LAS COMPETENCIAS DIDÁCTICAS?
Las competencias son un repertorio de comportamientos que algunas
personas dominan mejor que otras, lo que las hace que tengan respuestas
eficaces en una situación determinada. Son, al mismo tiempo, un conjunto de conductas tipo y
procedimientos, (razonamientos) que se pueden poner en práctica sin nuevo
aprendizaje. Se relacionan con la puesta en práctica integrada de aptitudes,
rasgos de personalidad y también conocimientos adquiridos para cumplir bien una
misión o tarea. También tienen un carácter “local”, es decir, dependen del
marco de la institución en el que son elaboradas y desarrolladas.
No obstante, las competencias son instrumentos valiosos para la consecución de los objetivos educativos que pretendemos lograr, si es que conseguimos distinguirlas entre las que poseen los estudiantes de manera natural de aquellas otras que podamos formar o fortalecer por nuestra propia acción educativa.
Para que la educación actúe eficazmente como promotora del desarrollo de
competencias personales, sociales y políticas en los
hombres, es necesario que ella sufra, en sí misma, de reestructuraciones
permanentes en sus contenidos curriculares, estilos de acción pedagógica,
conformaciones institucionales, modos de ver la realidad, etc., que le permitan
adecuarse a los requerimientos del mundo moderno, con todo lo que ello
significa en materias de renovación y conservación social (Innovaciones educativas).
De una parte, la educación debe actuar como un elemento transmisor y conservador de la tradición cultural de las sociedades. Quiéralo o no, la educación realiza el proceso de transmisión cultural de las generaciones más viejas a las generaciones más jóvenes. En este sentido, actúa como un factor de conservación de la vida social y cultural de los pueblos, situación que se hace cada día más difícil de lograr dados los fenómenos de la aceleración de los cambios y la globalización mundial.
De una parte, la educación debe actuar como un elemento transmisor y conservador de la tradición cultural de las sociedades. Quiéralo o no, la educación realiza el proceso de transmisión cultural de las generaciones más viejas a las generaciones más jóvenes. En este sentido, actúa como un factor de conservación de la vida social y cultural de los pueblos, situación que se hace cada día más difícil de lograr dados los fenómenos de la aceleración de los cambios y la globalización mundial.
Es a través de los procesos de educación y socialización como las generaciones más viejas trasmiten a las más jóvenes su cultura y con esto les trasmiten una serie de elementos que van configurando la vida social y cultural emergente. Esas generaciones transmiten sus propios modos de ver, pensar, sentir y actuar sobre el mundo y es así como quieren que las generaciones jóvenes perciban y se enfrenten a la realidad compartida. Sin embargo, la competencia por el dominio de la realidad no es una competencia desprovista de una normativa que asegura la supervivencia del más débil, en este caso las generaciones más viejas. A la fuerza y energía de los jóvenes, los viejos orientan con la experiencia de vida.
La educación es depositaria de este aspecto de la vida social de los pueblos y es en sus procesos internos donde confluyen estos elementos aparentemente en contradicción. Los educadores son los representantes de la tradición social, pero, por otra parte, por su contacto cotidiano con los niños y jóvenes, son parte de la renovación que impulsan las nuevas generaciones. La educación es, por lo mismo, conservación de la vida social, pero a la vez, transformación permanente. Este lugar de privilegio ha permitido ver a la educación, como un instrumento de dominación por unos y por otros, como un medio de liberación, dependiendo del lugar y óptica social en el cual se encuentren.
Esta situación hace que la educación deba enfrentar el problema de los requerimientos de innovaciones educativas constantes que, sin atentar contra la tradición, proyecten la enseñanza y los aprendizajes hacia el futuro, asumiendo los nuevos desafíos del mundo contemporáneo.
En un antiguo texto[2], planteábamos que las innovaciones educativas deberían producirse de manera planificada, para que ellas fueran motores eficientes de transformación de los sistemas educativos y de la acción pedagógica que se realizaba en ellos. Afirmábamos, además, que esa planificación debería involucrar a los actores educativos a través de mecanismos de participación adecuados a las tareas desempeñadas y a las organizaciones que los representaban. De otro modo, toda innovación educativa podría fracasar al no contar con el apoyo de aquellos que las debían llevar a la práctica o eran afectadas por las mismas.
De ahí la importancia que tienen los profesores para cumplir ambas funciones sociales básicas de la educación: la conservación de las tradiciones que dan identidad a los pueblos y la renovación de la vida social, que consolida esa misma identidad. El problema surge, a nuestro juicio, en la segunda función. Los profesores no son formados para introducir innovaciones educativas al sistema ni a la acción pedagógica. Las instituciones formadoras de profesores mantienen los mismos sistemas tradicionales de formación que se vienen utilizando desde hace décadas y ello no posibilita el desarrollo de actitudes y conductas innovadoras en las nuevas generaciones de estos profesionales.
Se puede inferir que en la medida que la formación de profesores siga de
manera tradicional, es decir, en donde el cambio es concebido como una
situación anómala, no se podrán incluir innovaciones educativas de carácter significativo
que impliquen modificación de actitudes y conductas en los nuevos profesores
para efectos de enfrentar de manera innovadora la acción pedagógica.
El problema radica en que ese cambio debe producirse lo antes posible, dado lo descrito anteriormente: el mundo se expande, está cambiando aceleradamente, el hombre necesita auto realizarse y los niveles de exigencias para las nuevas competencias son cada día más altos. Al parecer, la educación hoy día no está respondiendo a los requerimientos del desarrollo futuro y va quedando atrás en la posibilidad de responder adecuadamente a los requerimientos que el desarrollo y la actualización del potencial humano requieren.
Por ello es preciso plantearse una estrategia de introducción de
innovaciones educativas que comience por la formación de nuevos profesores. El
hombre enseña como aprende, y si ello ocurre así, es posible inferir que, si no
se efectúan transformaciones en las instituciones formadoras de profesores,
cada día la educación quedará atrás en sus respuestas a las condicionantes
socioeducativas del futuro, fosilizada en su propia institucionalidad
tradicional.
Sin embargo, el mundo de las innovaciones educativas mucho tiene que ver con las concepciones del mundo y la sociedad de los distintos grupos de poder que conviven en la sociedad. La educación tal como lo decíamos es un instrumento importante de transmisión de las ideologías imperantes en un momento determinado. Por eso mismo, cualquier análisis que se haga de las innovaciones educativas no sólo debe enfocarse desde una perspectiva exclusivamente pedagógica, ya que querámoslo o no, esa es sólo una parte del problema.
Los grupos de poder (especialmente los tecnocráticos) querrán ser siempre ellos los que impulsen y logren éxito con la implantación de las innovaciones educativas, especialmente aquellas que tienen impacto público, como las modificaciones estructurales del sistema o los nuevos planteamientos curriculares que tengan un impacto global. Es por eso que las innovaciones educativas de carácter global que afectan a todo el sistema educativo, llevadas a cabo por grupos de poder que no motivan el apoyo y participación de los actores educativos involucrados en las acciones pedagógicas (especialmente los profesores), están condenadas al fracaso. Se produce una contradicción casi imposible de salvar entre el interés particular de los grupos de poder gestores de las innovaciones educativas y aquellos otros (muchos de los cuales no comparten las mismas áreas de interés) que deben implementarlas. Se ocasionan boicots muchas veces surgidos del rechazo o, sencillamente, por la preservación de los espacios de poder e influencia ya logrados y que son propios de la acción pedagógica.
Pese a todo esto, el mundo contemporáneo necesita que las sociedades realicen profundas innovaciones en sus sistemas educativos y en sus estilos de acción pedagógica, para que la educación pueda adecuarse a los desafíos del futuro. De ahí también la importancia de introducir en las entidades formadoras de profesores un estilo permanente de hacer innovaciones en la práctica de la enseñanza y formación de los futuros maestros
¿Cómo nos damos cuenta
de que existen?
Porque son observables en la realidad cotidiana del trabajo e igualmente
en situaciones de prueba, en donde las personas ponen en práctica en forma
espontánea e integrada, aptitudes, rasgos de personalidad y conocimientos
adquiridos.
Representan un trazo de unión entre las características individuales y
las cualidades requeridas para llevar a cabo misiones profesionales precisas.
¿Cómo se desarrollan
las Competencias Blandas?
Son consecuencia de la experiencia y constituyen saberes articulados,
integrados entre ellos y de algunas maneras automatizadas (hábito). El individuo competente puede demostrar su competencia, pero se le
pondrá en aprietos si se le pide que lo verbalice. (por ejemplo, ¿ el criterio
pedagógico, podría ser un caso de no verbalización?)[3]
Es por esto que un concepto que
nos puede ayudar a conseguir mayores logros pedagógicos es el de “competencias”, que nosotros
definiremos como "un conjunto de
habilidades y destrezas de procedimientos, motoras, intelectuales y afectivas,
que se actualizan de acuerdo al potencial humano del sujeto que las posee y que
se ponen en marcha mediante acciones que tienen como fin el superar obstáculos
o afirmar elementos facilitadores, que impiden o posibilitan, el logro de un
objetivo determinado en un contexto circundante particular".
Es por lo mismo que no basta con definir las competencias como un
conjunto de características, de diversa índole, tenidas por un sujeto, sino que
sólo se transforman en competencias, en la medida que dichas características se
ponen en marcha, es decir, actualizan en el sujeto, lo que previamente estaba
en términos potenciales. No obstante, los actos que actualizan esas
potencialidades deben ser congruentes en formas y contenidos con las mismas. En otras palabras, las
competencias son tales, en la medida que existen en el sujeto las posibilidades
previas sobre las cuales ellas se actualicen.
|
Afectividad: sentimientos y emociones
|
Estas competencias, en el caso de la formación de los futuros profesores, deben responder a lo menos a dos elementos: por una parte, unos desarrollos internos del propio aprendiz de profesor, que le permitirán actuar pedagógicamente de manera adecuada y pertinente con sus alumnos y por otra, la consideración objetiva y sistemática de las necesidades pedagógicas de aprendizaje que se deberán atender en los propios alumnos.
|
Razones y lógica: visión intelectual del
mundo
|
|
El SI MISMO
(Identidad del sujeto)
|
|
Corporeidad
(Sensibilidad)
|
|
Socialización:
(Identidad social y
Cultural
en el mundo)
|
[1] Este esquema o “escala”
del conocimiento es un diseño elaborado por el autor y trabajado en múltiples ocasiones
en cursos y actividades de
perfeccionamiento de los profesionales
de la Educación.
[2] De Pujadas, Gabriel. “Elaboración de
Proyectos de Desarrollo Educativo Institucional (PDEI). Documento de Trabajo N°
1, Centro de Perfeccionamiento,
Experimentación e Investigaciones Pedagógicas, Santiago, Chile, 1991.
[3] Gabriel de Pujadas H.,
“Modelo de competencias pedagógicas” mayo 2011, Santiago, Chile.
Autor: Profesor Gabriel de Pujadas H., Santiago, Febrero 2018 (versión revisada y completada en septiembre 2019)


No hay comentarios.:
Publicar un comentario