En
el plano de la innovaciones para el desarrollo pleno del alumno, creemos que es
básico encontrar los elementos que posibiliten una búsqueda certera de su propia
identidad y vocación. Para ello se observa la necesidad de que el alumno forme
un centro personal estable pero flexible, que permanezca mas allá de los
cambios y que permita asegurar una identidad clara y profunda en cada alumno y
que al mismo tiempo este centro de identidad pueda ser reconocido como el lugar
mas profundo de su propia personalidad.
Este
centro puede y debe ser buscado en los años escolares, especialmente en la
formación desde pequeño de ciertas tradiciones, hábitos y capacidades socio culturales
y sicológicas que aseguren en la adolescencia una marcha estable hacia la
configuración de una personalidad madura. Para ello será preciso asegurar que
entre los profesores se encuentren profesionales capacitados en la esfera del
desarrollo personal e interpersonal tal como lo enseñan las nuevas filosofías y
técnicas del desarrollo del potencial humano [1].
De
mismo modo creemos que la tarea educacional en esta línea no estará completa si
paralelamente no introducimos I. E. que favorezcan el aparecimiento de la
dimensión trascendente de la vida humana, ya que es esta dimensión, por su
carácter envolvente y comparativo, la
que nos da un sentido más pleno a la vida humana. Y no se trata de una
trascendencia exclusivamente religiosa, sino de una cuyos contenidos puedan ser
llenados por el alumno de acuerdo a sus particulares intereses e inclinaciones.
Es
evidente que gran parte del no desarrollo de estas competencias personales,
base importante para todo trabajo de innovación educativa de parte de los profesores,
es una de las causales que la escuela y la sala de clases se mantenga muy
estructuradas y rígidas, no solo en sus aspectos organizacionales sino en sus
contenidos y metodologías de enseñanza (incluidos el uso de sus materiales de
aprendizaje).
Si
la escuela transita de sus objetivos meramente intelectuales hacia objetivos de
mayor comprensión y plenitud del desarrollo de sus alumnos, sin duda alguna que
su pedagogía cambiará notablemente. Ya no sólo habrá que atender el desarrollo
cognitivo del alumno sino, sus dimensiones afectivas y corporales, para lo cual
se deben introducir I.E. que atiendan estos aspectos de tanta importancia para
el desarrollo pleno de los alumnos.
REFLEXION
El desarrollo de nuestras competencias y
de nuestra identidad personal, es una tarea que debemos realizar
cotidianamente. ¿Tiene usted algún método que le permita desarrollar estas
competencias y fortalecer su identidad personal? ¿Conoce el concepto de
“proyecto de vida” ?
Las
innovaciones educativas y la formación ciudadana democrática.
En
el plano de la integración y desarrollo de su vida social y ciudadana, las
innovaciones educativas son prácticamente inexistentes y los alumnos se ven
obligados a realizar sus aprendizajes de integración fuera de la escuela o liceos,
a través de sus grupos de pares.
Es
preciso un fortalecimiento de la enseñanza de la integración social y de la
ciudadanía, mediante la puesta en marcha de programas especiales sobre estas
materias, en los cuales los niños y jóvenes puedan desarrollar sus capacidades
de
convivencia social y ejercicio de una ciudadanía democrática.
Para
este efecto es importante trabajar programas de fortalecimiento de los Esquemas
Mentales y Afectivos Democráticos (EMAD) en los alumnos de acuerdo a las
teorías de sicología política existente. Los modos de convivencia democrática
pueden ser enseñados y el sistema educacional debe hacerlo, especialmente en
los países en donde la democracia política y social debe fortalecerse y
adecuarse a nuevos modos de convivencia.
De
ahí que el fortalecimiento de estos esquemas mentales y afectivos democráticos
sea una tarea en la cual los educadores deben introducir innovaciones
educativas antes desconocidas en el sistema. Es preciso recordar que mientras
el país vivió una democracia estable, ella era aprendida por los niños y
jóvenes de la práctica que se vivía cotidianamente.
Hoy,
después de años de pérdida de la misma, el sistema educacional, al igual que
los medios de comunicación deben promover su enseñanza y valoración.Esto
ayudará a que los alumnos vivan en un contexto social global en el cual las
conductas a nivel micro social se aprendan con una sólida referencia contextual
y adquieran así un sentido de
pertenencia simbólica y real con la sociedad en la cual viven. Estos aprendizajes,
unidos al desarrollo de un lenguaje pertinente, es lo que hace estable un
sistema de convivencia sano y democrático.
1.-
Este esfuerzo implica que al interior del sistema se introduzcan I.E. en el
campo de las normas mayores márgenes de flexibilidad, sin que ello signifique
aceptar la producción de conductas anómicas.
Lamentablemente
en las escuelas y liceos, acostumbrados a la utilización de normas escolares
rígidas y a esquemas de gestión autoritarios, la propia experimentación e innovación organizativa
y de interacción social por parte de los jóvenes, no es permitida por las
rígidas pautas culturales existentes (normas, costumbres y usos), y por la
escasa o nula formación de los profesores en el ámbito de una cultura escolar
democrática.
2.-
Si nos adentramos, a modo de ejemplo, en lo que debería ser una cultura escolar
que promoviera actitudes y conductas democráticas, ella debería sostener a lo
menos lo siguiente:
a)
La existencia de normas escolares de convivencia, elaboradas y aceptadas
por todos, como basamento común de la existencia democrática y comunitaria,
vividas por todos, con un sistema de sanciones (premios y castigos) que defina
las conductas de los actores participantes (se hace necesario su acatamiento).
b)
La existencia de elementos jurídico-institucionales, propios al sistema
educativo en su conjunto y al establecimiento educacional en particular, que
avalen y respalden las normas antes acordadas, con instrumentos reglamentarios
propios a la organización escolar y a un sistema democrático. Esto supone la
participación de los actores educativos en los procesos más importantes de
carácter curricular y pedagógicos, la distinción clara de funciones y roles
jerárquicos, la aceptación del pluralismo de las ideas y percepciones del mundo,
respeto por la opinión de las minorías, rotativa en el ejercicio de la
autoridad, etc.
c) La creación y desarrollo de un tipo de
organización interna de carácter democrático para cada establecimiento, en
el cual sea posible la canalización de los liderazgos democráticos emergentes,
las innovaciones educativas y un clima organizacional sano y condicionador de
la creatividad y ejercicio de la libertad.
d) Por último, como ya lo mencionamos, la
existencia de esquemas mentales y afectivos democráticos (EMAD) los cuales
permiten superar, por una parte, las tradiciones autoritarias existentes y, por
otra, proporcionar una base sicosocial sólida a las normas de vida democráticas
antes mencionadas, a las organizaciones y juridicidad adecuadas a las mismas y
por sobre todo, al fortalecimiento de un espíritu y ejercicio de diálogo,
instrumento esencial en toda convivencia en democracia.
REFLEXION
La democracia no es solo una forma de
gobierno, sino que es además un estado de convivencia que toca a todas las personas.
Por esto es que sin personas con una mentalidad democrática, ni las
organizaciones, ni los preceptos democráticos, ni las organizaciones
democráticas pueden subsistir y ser sólidos en el tiempo. ¿Su organización
educacional se caracteriza por ser democrática? ¿Las personas que la conforman
son democráticas?
3.-
Dada la importancia del último punto tratado, que se constituye en un eje de
los desafíos de innovaciones educativas que tienen los educadores en este
ámbito, es preciso que nos detengamos en la caracterización de lo que sería
un alumno y un profesor con un esquema mental y afectivo democrático (EMAD) y
la incidencia de este esquema en la producción de una convivencia escolar
equilibrada:
a) Una persona con un
esquema mental y afectivo democrático (EMAD), tiene como base un sentimiento de
cambio, desde el cual percibe la sociedad como una estructura abierta y
flexible, con condicionantes múltiples y alternativas diversas de desarrollo. La sociedad es para ella
el resultado directo de la acción de las personas y no sólo una entidad regida
por elementos impersonales, que están mas allá de las personas mismas, sin
desconocer por ello la existencia de elementos sociales y culturales
suprapersonales.
b) Otra característica de
una persona con un EMAD es que ella reconoce en el “otro” efectivamente a un
“otro”.
En este sentido, el otro es en realidad el otro, con su propia singularidad y
no sólo una muestra representativa de una especie de personas.Esto permite
reconocer en la vida social la pluralidad de singularidades y con ello la
pluralidad de percepciones del mundo.
c) En relación al poder,
una persona con un EMAD comprende que el poder y la autoridad deben ser
entendidos como una concesión hecha por una parte de la comunidad a otra, es
decir, existe un sistema de delegación que debe ser ejercitado regularmente. El poder se vislumbra
siempre como inestable y relativo, ya que las voluntades de concesión pueden
cambiar de acuerdo con las distintas circunstancias sociales y políticas. A
esta idea se opone la concepción autoritaria de la estabilidad permanente del
poder y su absolutismo.
d) De ahí que la persona
con un EMAD tiene el sentimiento de que son necesarias la división y el
equilibrio del poder, oponiéndose a la polarización autoritaria que intenta concentrar
todo el poder para sí. Por lo mismo, se concibe el poder descentralizado y
difundido al máximo entre las mayorías, para evitar la concentración excesiva
del mismo en manos de unos pocos, en desmedro de las primeras. Un poder
difundido socialmente es un poder al cual tienen mas fácil acceso el común de
las personas.
e) Otra característica es
la idea de que la sociedad crece desde dentro, por la acción de sus propios
actores
y que en esta construcción todos tienden a obtener las mismas posibilidades de
participación (idea de igualdad), según sus intereses y necesidades (idea de
libertad).
f) Un EMAD supone que
toda persona tiene una autoridad interior que, en un momento determinado y por
su propia libertad, la confiere a otro para que la ejerza a través del poder
público,
por un plazo determinado previamente. De ahí que la autoridad, para una persona
con un EMAD no se transfiera, sino que sólo se adjudique a orto para su
ejercicio controlado, ya que aquel que ejerce el poder lo hace a nombre de la
autoridad de los otros que se lo han conferido.
g) Esto mismo hace que el
EMAD admita una actitud de confianza en la razón y en un principio básico de
lealtad entre los seres humanos. Sólo la razón y no la violencia permite la
constitución de un sistema democrático, pues se comprende que éste debe poseer
un orden en el cual se conjugan metas y formas de acción comunes a todos los
actores involucrados. Se tiene confianza en un orden construido con la razón, a
través del diálogo y la negociación.
h) Por último, un EMAD
postula la convicción de que los actores pueden auto regularse, si no
permanentemente, por lo menos en las bases institucionales y jurídicas que
regulan la convivencia social. La negociación y el diálogo ejercen un papel
fundamental en esta capacidad de autolegislación que tienen los grupos humanos
que han adoptado un modo de vida democrático.
REFLEXION
De acuerdo a las características de una
persona con un EMAD, ¿es usted una persona democrática? ¿Por qué lo sería o no
lo sería?
De
acuerdo con los planteamientos anteriormente hechos, es preciso proponer
algunas formas de producción e implantación de innovaciones educativas que
logren superar las fórmulas y problemas existentes en torno a la falta de ellas
en el sistema educacional:
a)
Una primera idea es que las I.E. deben ubicarse en lo posible en núcleos
institucionales que les permitan un desarrollo y aprovechamiento social
adecuado a sus propias naturalezas. En
este sentido, un sistema educativo centralizado o uno con una estructura anárquicamente
diversificada, es altamente desfavorable
para la producción e implantación óptima de las I.E. Por el contrario
las I.E. deberán ubicarse en contextos institucionales altamente coordinados,
pero a la vez descentralizados, ya que ello permite dos cosas: aprovechar al
máximo la capacidad creativa de las
comunidades educativas de base y canalizar las I.E. a niveles superiores y
ámbitos globales del sistema educativo.
b)
Una segunda idea es que las I.E. deben
tener un ámbito de producción propio al interior del sistema educativo que
permita que los investigadores educativos y los pedagógicos tengan un sistema
de protección y estímulo al mediano y largo plazo, con el fin de promover la
labor de producción y dar la necesaria estabilidad que aún hoy no es posible
observar en la realidad educativa latinoamericana.
En
esta perspectiva, estimamos conveniente la creación de centros o institutos
descentralizados de investigación y experimentación en I.E. Ellas deben ser promovidas a nivel de la base
del sistema para todo el ámbito de lo sico-pedagógico y anexos, y coordinadas
por un núcleo central de investigación y experimentación educativa, en el cual,
además de las labores de coordinación ya mencionadas, se realice investigación
sobre I.E. que afecten a todo el sistema en términos macro-educativos.
c)
Una tercera idea, es que las I.E. sean
consideradas institucionalmente como programas de investigación con
financiamiento y promoción adecuados a su desarrollo y que en los niveles
básicos del sistema las experiencias pedagógicas innovadoras, sean apoyadas
como partes importantes del trabajo pedagógico del profesor y del cambio
necesario de los sistemas educativos.
Actualmente existe un gran desperdicio de creatividad que podría ser
aprovechada en beneficio de todo el sistema, al no contarse con canales
adecuados de producción e implantación de las mismas
d)
Por último, a nuestro juicio, es importante sensibilizar a los actores del
sistema en torno a la importancia que tienen las I.E. para el progreso de los mismos
y de los marcos institucionales en los cuales se ubican. En este sentido, la
facilitación del cambio de actitudes de los actores del sistema frente al
imaginario peligro que representan las I.E., se hace indispensable.
Para
tales efectos, es preciso crear la conciencia de la necesidad de los cambios al
interior del sistema educativo y de la relación de éste con otros sectores de
la vida nacional. Un sistema que cambie sólo por sus propios objetivos, sin
considerar el conjunto de los sistemas intervinientes en el desarrollo social y
económico, es un elemento condenado a su propio fracaso y, lo que es peor,
coadyudante al fracaso de la totalidad.
Es
preciso vislumbrar las I.E. en un contexto más amplio que el propio del sistema
educativo, para insertarlas en las tareas del desarrollo nacional. Para ello es
indispensable un cambio radical en la concepción escolarizada que se tiene de
la educación, que ha circunscrito a la misma al estrecho ámbito del aula, sin
considerar otros tiempos, niveles y modalidades de la educación.
Es
fundamental detectar los líderes de cambio e innovación, pues ellos tendrán
siempre un papel destacado en la
motivación y coordinación de los grupos de trabajo que se formen. No
necesariamente deben ocupar lugares de jefatura (que es una posición formal
dentro de la organización), sino que deben poseer la capacidad de motivar y
movilizar personas, como también coordinar los esfuerzos que se realicen.
Por
eso también es importante tener en cuenta que existen factores inductores del
cambio, que provocan una actitud positiva hacia el mismo y factores
sostenedores del cambio, que lo mantienen de manera persistente en el tiempo.
Para que se produzca un cambio de conducta permanente es preciso lograr una
sumatoria de ciertos elementos que, integrados, posibilitan dicho cambio.
Entre
los factores inductores del cambio encontramos algunos que son importantes,
como los siguientes:
a)
Conocimiento e información, por parte de los actores involucrados, del proyecto de cambio o innovación que se quiere
realizar, para evitar miedos y temores y dar márgenes de seguridad iguales o
superiores a los que se poseen.
b)
Percepción de la práctica que se deberá llevar a cabo durante el proyecto de
innovación o cambio (cómo se realizarán, prácticamente, los procesos
involucrados).
c)
Juicio o evaluación sobre los daños o beneficios posibles, personales o
institucionales, provocados por las acciones que se lleven a cabo para
implantar un proyecto de innovación o cambio.
d) Convencimiento, de parte de los actores, de
la eficacia y de los beneficios del cambio en si mismo, para el logro de un
mayor bienestar.
e)
Evaluación de efectos negativos personales asociados al cambio, al dejar de
practicar la conducta tradicional.
Entre
alguno de los factores sostenedores del cambio, es decir, aquellos que
lo afianzan, se pueden nombrar los siguientes:
f)
Respuestas positivas del medio al cambio. Esto es importante de considerar, ya
que el medio ayuda y refuerza la producción o no del cambio.
g)
Creencia en la capacidad personal para cambiar, especialmente los aspectos
relacionados con la autoestima, la flexibilidad y el ejercicio de la voluntad.
h)
Satisfacción global con el cambio decidido, es decir, que la adopción del
cambio deseado nos produzca “placer” o satisfacción.
Cada
proyecto o institución planificada estratégicamente debe estar inserta o
comprenderse en un proyecto o institución de carácter más global para darle
sentido a las acciones de cambio que se lleven a cabo. De otra manera la
innovación o el cambio se pueden convertir en factores de peligro,
inestabilidad o amenaza para la institución afectada. Su inclusión en
realidades más extensas y globales puede ayudar, si ellas son comprendidas como
ámbitos de seguridad, en elementos facilitadores de los cambios que pretende
toda planificación estratégica.
Del
mismo modo, es siempre conveniente contar con el convencimiento de las
mayorías, o la anuencia de las autoridades institucionales o líderes de cambio
o, por lo menos, dar información permanente a ellas, para evitar conflictos que
pueden ser innecesarios para que los cambios se cumplan según lo trazado.
Es
necesario, a la vez, detectar, fortalecer o consolidar los factores protectores
del proyecto o institución y neutralizar los factores de riesgo al interior de
los mismos. Para ello debemos distinguir con claridad dichos factores en el
diagnóstico que realicemos de nuestra realidad.
De
ahí que sea imprescindible para toda planificación estratégica, sensibilizar a
los actores involucrados, desde el comienzo, en la idea del cambio, como
también lograr crear una visión común del problema y sus alternativas de
solución.
En
todo caso y no está demás insistirlo es siempre acertado preguntarse si existen
o no programas o proyectos globales que encuadren o acojan nuestro proyecto de cambio e
innovación, para intentar configurar proyectos de carácter mas integral, que le
den seguridad a los actores involucrados. Es preciso pensar siempre dos veces
antes de actuar, para tener la claridad de hacia dónde se quiere ir.
[1] Gerd-Bodo Reinert,
“Aspectos pedagógicos de la formación de los maestros”, Revista EDUCACIÖN,
Colección Semestral de Aportaciones Alemanas recientes en las Ciencias Pedagógicas,
Instituto de Colaboración Científica, Tubingen,
Alemania, 1997.